Cómo Evitar los Costes de Aprendizaje

vía: Optima Infinito

La calidad de las decisiones que tomas y de las acciones que realizas, pero también de las que decisiones que toman las organizaciones y de sus acciones, depende en gran medida de la calidad del conocimiento que se utiliza para ello.

En otras palabras, si el conocimiento aplicado para tomar una decisión, o para llevar a cabo una acción, es pobre, incompleto o está obsoleto, la calidad de la decisión, o de la acción, será probablemente inferior a la adecuada.

El problema se agrava cuando esta calidad insuficiente de la decisión, o de la acción, da lugar a una situación inesperada y no deseada, cuya resolución conlleva, por lo general, un coste adicional, normalmente también imprevisto.

Vemos casi a diario como personas y organizaciones hacen cosas o toman decisiones que, al poco tiempo, deben corregir con otra decisión o con otra acción en sentido opuesto.

Como ejemplo, no es extraño que alguien se ponga a montar un mueble de IKEA sin haber echado un vistazo siquiera a las instrucciones de montaje. En la mayoría de las ocasiones el mueble acaba mal montado, o simplemente no se puede acabar de montar, por lo que hay que desmontarlo y volverlo a montar.

Supongamos que el tiempo que se tarda en leer las instrucciones es de 5 minutos y el tiempo de montaje, sabiendo montar el mueble, es de 25 minutos.

Haciendo las cosas bien, es decir, haciendo una inversión en aprendizaje de 5 minutos, el mueble estará montado correctamente en media hora.

Haciendo las cosas mal, es decir, “ahorrándote” la inversión en aprendizaje de 5 minutos inicial, puedes perder fácilmente 5 minutos hasta llegar al punto en que no puedes seguir, otros 5 minutos en desmontar lo que has montado mal, 5 minutos -ahora sí- en leer las instrucciones y, finalmente, 25 minutos en montarlo. Total, has tardado 50 minutos en acabar de montarlo, lo que significa un coste de aprendizaje de 10 minutos, un 20% más del tiempo necesario.

Lo más absurdo es que estas situaciones indeseadas y estos sobrecostes son fácilemente previsibles y, por tanto, evitables.

El punto de partida es ser lo suficientemente humilde como para reconocer que posiblemente haya detalles importantes sobre aquéllo que vas a hacer o decidir que aún ignoras.

El siguiente paso es tener un mínimo de paciencia e invertir el tiempo necesario en conocer los detalles clave más relevantes sobre lo que vas a hacer o decidir, ya que ésta es la mejor forma de minimizar el riesgo de error.

Lo próximo sería encontrar las fuentes idóneas para acceder al conocimiento que necesitas. En ocasiones, la única forma de acceder a ese conocimiento será a través de fuentes escritas pero en otras muchas podrá ser preguntando a personas más próximas, con más experiencia o directamente involucradas en aquello que vas a hacer o sobre lo que vas a decidir.

Preguntar sólo te obliga a escuchar, no a estar de acuerdo con la respuesta ni a seguirla. La ventaja de preguntar a personas es que, aunque puedas no compartir sus puntos de vista, te proporcionará generalmente una perspectiva más amplia que te ayudará a no pasar por alto ninguna información importante para lo que vas a hacer o decidir.

En realidad, se trata simplemente de invertir -ahora- una mínima parte del tiempo y los recursos que tendrías que gastar -luego- en solucionar los problemas causados por tu precipitación e ignorancia.

Parece claro que la agilidad es una cualidad imprescindible hoy día pero no se debe caer en el error de confundir rapidez con precipitación. Es importante ser rápido pero es más importante aún hacer las cosas bien a la primera, aunque se tarde un poco más, que hacerlas rápido y mal y luego tener que repetirlas.

Además, aunque la excusa habitual para justificar una decisión errónea -por precipitada- es la socorrida “falta de tiempo”, la realidad es que esto rara vez es cierto ya que, por hacer las cosas mal, acabas empleando siempre más tiempo del necesario. El verdadero motivo por el que se suelen hacer mal las cosas, o se toman decisiones no suficientementedocumentadas, tiene mucho más que ver con la pereza mental que con la escasez de tiempo.

Los costes de aprendizaje son cada vez más frecuentes e importantes en cuantía y creo que merece la pena reflexionar sobre en qué medida podrían evitarse o, al menos, atenuarse, ya que perjudican muy seriamente a la productividad.

Porque lo cierto es que aprender sobre algo antes de hacerlo o de decidir sobre ello es, fundamentalmente, una cuestión de actitud y que invertir proactivamente en aprenderlo permite un ahorro enorme en esos costes de aprendizaje ni deseados ni previstos.

Salud

El poder de la Vulnerabilidad

En una exposición para TED, Brene Brown habla sobre la vulnerabilidad y su importancia para una comunicación efectiva.

El video, puede verse acá, como siempre en inglés, con subtitulos al español.

Les dejo también la transcripción, cortesía una vez más de TED.com.

Voy a empezar con esto: hace un par de años me llamó una organizadora de eventos porque yo iba a hablar en el evento. Me llamó y me dijo: “Me cuesta encontrar la manera de escribir sobre ti en el folleto”. Pensé: “Bueno, ¿cuál es el problema?”Dijo: “Bien, te escuché hablar y creo que te voy a llamar investigadora pero temo que si te llamo investigadora no venga nadie porque van a pensar que eres aburrida e irrelevante”. (Risas) Muy bien.Y me dijo: “Pero lo que me gustó de tu charla es que eres narradora. Así que creo que te voy a llamar simplemente narradora”. Y, claro, mi parte académica, la insegura, decía: “¿Que me vas a llamar cómo?” Y ella dijo: “Te voy a llamar narradora”. Le dije: “¿Y por qué no hada mágica?”(Risas) Le dije: “Déjame pensarlo un momento”.Traté de tomar coraje. Pensé que soy una narradora. Soy investigadora cualitativa. Acumulo historias; eso es lo que hago. Y quizá las historias sean sólo datos con alma. Tal vez sea sólo una narradora. Y por eso le dije: “¿Sabes qué? ¿Por qué mejor no dices que soy una narradora de investigación?” Y ella dijo: “Ja, ja. No existe tal cosa”. (Risas) Así que soy narradora de investigación y hoy voy a contarles -hablamos de expandir la percepción, por eso quiero hablar y contarles algunas historias de una parte de mi investigación que amplió mi percepción de manera fundamental y cambió verdaderamente mi manera de vivir, amar trabajar y ser madre.

Y ahí es donde empieza mi historia. Cuando era una joven investigadora, estudiante de doctorado,en primer año tenía un profesor de investigaciónque nos dijo: “La cosa es así: si no pueden medirlo, no existe”. Pensé que me estaba engatusando. Le dije: “¿En serio?” Y me contestó: “Absolutamente”. Por eso tienen que entender que tengo una licenciatura y una maestría en trabajo social y estaba haciendo el doctorado en trabajo social así que toda mi carrera académica estaba rodeada de personas que creían en cierta formaque la vida es un lío, me encanta. Y yo soy más de decir: si la vida es un lío ordenémosla, organicémosla, y coloquémosla en una caja de bento. (Risas) Por eso pensar que había encontrado mi camino -encontrar una carrera que me lleve- en realidad una de las máximas del trabajo social es recaer en la incomodidad del trabajo. Y yo soy más del “quítate la incomodidad de la cabeza avanza y obtén buenas notas”. Ese era mi mantra. Así que estaba muy entusiasmada con esto. Y pensaba, saben qué, esta es la carrera para mí, porque me interesan los temas complicados. Pero quiero poder hacer que no sean complicados. Quiero entenderlos. Quiero desentrañar estas cosas, que sé que son importantes, y exponer el código para que todos lo vean.

Así que empecé con el tema de la conexión.Porque si uno ha sido trabajador social 10 añosse da cuenta de que la conexión es nuestra razón de ser. Es el propósito, lo que le da sentido a nuestra vida. De eso se trata. No importa si uno habla con trabajadores de la justicia social, la salud mental, que trabajan en abusos y abandonos lo que sabemos es que la conexión, la capacidad de sentirse conectado, -así estamos diseñados a nivel neurobiológico- es nuestra razón de ser. Por eso pensé que iba a empezar por la conexión. Bueno, ya conocen esa situaciónen la que son evaluados por su jefa y ella les dice 37 cosas que hacen maravillosamente bien y una cosa… ¿una oportunidad de crecimiento? (Risas)Y todo en lo que piensan se reduce a esa oportunidad de crecimiento, ¿no? Bien, al parecer así también era mi trabajo porque cuando uno le pregunta a las personas sobre el amor te hablan de corazones rotos. Cuando uno pregunta de pertenencia te van a contar de sus experiencias más insoportables, de la exclusión. Y cuando uno pregunta sobre la conexión las historias que nos cuentan son de desconexión.

Muy rápidamente, a unas 6 semanas de esta investigación, me encontré con esta cosa sin nombre que desenmaraña la conexión por completo de un modo que jamás había entendido o visto antes. Y entonces me aparté de la investigación y pensé que tenía que descubrir de qué se trata. Y resultó ser que era vergüenza. Y la vergüenza es muy fácilmente entendida como temor a la desconexión. Hay algo de mí que, si otra gente lo sabe o lo ve, no voy a ser digno de entrar en contacto. Lo que puedo decirles sobre esto es que es universal; todos lo tenemos. Las personas que no sienten vergüenza no tienen capacidad de empatía o conexión humana. Nadie quiere hablar de eso y cuanto menos uno habla de eso, más lo padece. Lo que sustenta esta vergüenza, este “no soy lo suficientemente bueno”;todas conocemos ese sentimiento: “No soy suficientemente blanca o delgada, lo suficientemente rica, hermosa, inteligente,posicionada”. Lo que sustentaba esto era la vulnerabilidad insoportable; esta idea de que para poder conectarnos tenemos que dejarnos ver, ver de verdad.

Y ya saben cómo me siento respecto de la vulnerabilidad. La detesto. Por eso pensaba que era mi oportunidad de pulverizarla con mi vara de medir. Voy a ir, voy a desentrañar esta cuestión,voy a pasar un año, voy a deconstruir totalmente la vergüenza, voy a entender cómo opera la vulnerabilidad pero yo voy a ser más astuta. Así que estaba lista y muy entusiasmada. Como saben, no va a resultar bien. (Risas) Ya saben esto. Así que podría contarles mucho de la vergüenza pero tendría que usar el tiempo de todos los demás. Pero puedo decir que todo se reduce a, y ésta quizá sea una de las cosas más importantes que he aprendido en la década de esta investigación. Mi año se extendió a 6 años,miles de historias, cientos de largas entrevistas, grupos focales. En un momento la gente me enviaba páginas de sus diarios contándome sus historias; miles de datos en 6 años. En cierta forma me hice una idea de eso.

Lo entendí, así es la vergüenza, opera de este modo. Escribí un libro, publiqué una teoría, pero algo no andaba bien y eso era que si separaba, a groso modo, a las personas que entrevisté en personas que tienen realmente una sensación de dignidad todo se reduce a esto: están quienestienen un sentido de dignidad -sienten profundo amor y pertenencia- y quienes luchan con eso -las personas que siempre se preguntan si son lo suficientemente buenas. Había sólo una variableque separaba a las personas que tienen un sentimiento profundo de amor y pertenencia de las personas que realmente luchan con eso. Y era que la gente que tiene un sentimiento profundo de amor y pertenencia cree que es digna de amor y pertenencia. Es todo. Creen que lo merecen. Y, para mí, la parte difícil que evita que nos conectemos es nuestro temor a no merecer la conexión; era algo que, en lo personal y profesional, sentía que tenía que entender mejor.Así que lo que hice fue tomar todas esas entrevistas donde veía dignidad, donde veía personas que viven de ese modo, y sencillamente las observé.

¿Qué tenían estas personas en común? Tengo debilidad por los implementos de oficina pero esa es otra charla. Así que tenía una carpeta de manila y un marcador y me preguntaba: ¿cómo voy a llamar a esta investigación? Las primeras palabras que me vinieron a la mente fueron “de todo corazón”. Se trata de personas de todo corazón, que viven un profundo sentido de dignidad. Así que en la parte superior de la carpeta escribí y empecé a mirar los datos. De hecho, lo hice primero en un análisis de datos muy intensivo de 4 días en los que volví, saqué las entrevistas, las historias, los incidentes. ¿Cuál es el tema? ¿Cuál es el patrón? Mi esposo salió de la ciudad con los niños porque yo siempre entro en esta cosa loca tipo Jackson Pollock en la que empiezo a escribir y paso a modo investigadora. Y esto fue lo que hallé. Lo que tenían en común era el sentido del coraje. Y quiero separar coraje de valentía por un instante. El coraje, la primera definición de coraje -la primera que apareció en el idioma inglés- proviene de la palabra latina “cor” que significa corazón y la primera definición era contar la historia de quién uno es de todo corazón.Por eso estas personas tuvieron simplemente el coraje de ser imperfectos. Tuvieron la compasiónde ser amables con ellos primero y luego con los otros porque resulta ser que no podemos practicar la compasión con otras personas si no podemos tratarnos con amabilidad. Y lo último era que tenían conexión y esta es la parte difícil, como resultado de la autenticidad; estaban dispuestos a dejar de lado lo que pensaban que deberían serpara ser quienes eran algo absolutamente necesario para lograr la conexión.

Lo otro que tenían en común era esto: aceptaban plenamente la vulnerabilidad. Creían que lo que las hacía vulnerables las hacía hermosas. No hablaban de vulnerabilidad como algo cómodo ni tampoco decían que fuera algo insoportable -como había oído antes en las entrevistas de vergüenza. Sencillamente decían que era algo necesario. Hablaban de la disposición a decir primero “te amo”, de la disposición a hacer algosin garantías, de la disposición de seguir respirando a la espera de la llamada del doctordespués de la mamografía. Estaban dispuestas a invertir en una relación que podría o no funcionar.Pensaban que era algo fundamental.

En lo personal yo pensaba que era traición. Yo no podía creer que había prometido fidelidad a la investigación… la investigación por definición es controlar y predecir, estudiar los fenómenos, con el fin explícito de controlar y predecir. Y ahora mi misión de controlar y predecir arrojaba la respuesta que la manera de vivir es con vulnerabilidad y dejando de controlar y predecir.Esto desató una pequeña crisis… (Risas) …que se parecía más a esto. (Risas) Y lo fue. Yo lo llamé “crisis” y mi terapeuta lo llamó “despertar espiritual”. Un despertar espiritual suena mejor que una crisis pero puedo asegurarles que fue una crisis. Tuve que hacer los datos a un lado y buscarme una terapeuta. Déjenme que les cuente algo: uno sabe quién es cuando llama a sus amigos y les dice: “Creo que necesito ver a alguien. ¿Me recomiendas a alguien?” Dado que unos cinco de mis amigos dijeron: “Epa. No quisiera ser tu terapeuta”. (Risas) Yo decía: “¿Qué quieres decir?” Y ellos me decían: “Sólo digo, ya sabes, no traigas tu vara de medir”. Y yo decía: “Bueno”.

Así encontré una terapeuta. A mi primer encuentro con ella, Diana, traía mi lista de modo de vida “de todo corazón” y me senté. Me preguntó: “¿Cómo estás?” Le dije: “Genial. Estoy bien”. Me dijo: “¿Qué está pasando?” Y esta es una terapeuta que atiende a terapeutas porque tenemos que ir a esos porque sus licenciaturas son buenas.(Risas) Así que le dije: “La cosa es que estoy luchando”. Y me dijo: “¿Qué te incomoda?” Y le dije: “Bueno, tengo un tema de vulnerabilidad. Sé que la vulnerabilidad es el núcleo de la vergüenza y el miedo y de nuestra lucha por la dignidad pero también parece ser el punto de partida de la dicha, la creatividad, la pertenencia, el amor. Y creo que tengo un problema y necesito ayuda”. Y le dije: “Pero nada de cosas de la familia, ni mierda de la infancia”. (Risas) “Sólo necesito algunas estrategias”. (Risas) (Aplausos) Gracias. Así que me dijo algo así. (Risas) Y luego le dije: “Es malo, ¿no?” Me dijo: “No es bueno ni malo”. (Risas)”Sencillamente es lo que es”. Y le dije: “¡Dios mío, esto va a apestar!”

(Risas)

Y así fue, y a la vez no. Me llevó como un año. Y ya saben que hay personas que, cuando se dan cuenta que la vulnerabilidad y la ternura son importantes se rinden y se entregan de lleno a eso. A: no es mi caso, y B: ni siquiera me junto con personas así. (Risas) Para mí, fue una pelea callejera de un año de duración. Fue una pelea acalorada. La vulnerabilidad pegaba, yo se la devolvía. Perdí la pelea, pero quizá recuperé mi vida.

Y entonces luego volví a la investigación y pasé el siguiente par de años tratando de entender las elecciones de las personas “de todo corazón” y qué hacemos nosotros con la vulnerabilidad. ¿Por qué luchamos tanto contra eso? ¿Estoy sola en la lucha contra la vulnerabilidad? No. Esto es lo que aprendí: adormecemos la vulnerabilidad cuando esperamos la llamada. Fue gracioso. Mandé algo a Twitter y a Facebook que decía: “¿Cómo definirías vulnerabilidad? ¿Qué es lo que te hace sentir vulnerable?” Y en una hora y media tenía 150 respuestas. Porque quería saber que pasa afuera. Tener que pedirle ayuda a mi maridoporque estoy enferma y estamos recién casados;empezar a tener sexo con mi marido; empezar a tener sexo con mi mujer; ser rechazada; preguntarle a alguien; esperar que vuelva el doctor; ser despedida; despedir gente; este es el mundo en que vivimos. Vivimos en un mundo vulnerable. Y una de las formas de enfrentarlo es adormeciendo la vulnerabilidad.

Y creo que hay evidencia -esta evidencia no es la única razón pero creo que es un origen enorme-de que somos los adultos más endeudadosobesos, adictos y medicados de la historia de EE.UU. El problema es que, y aprendí esto en la investigación, que uno no puede adormecer selectivamente la emoción. No se puede decir esto es lo malo. Esta es la vulnerabilidad, este el sufrimiento, esta la vergüenza este el temor, esta la decepción, no quiero sentir esto. Me voy a tomar un par de cervezas y comer un muffin de banana y nuez. (Risas) No quiero sentir esto. Sé que esa es la risa de la experiencia. Me gano la vida hurgando en sus vidas. Dios. (Risas) No se pueden adormecer esos resentimientos sin adormecer los afectos, las emociones. No se puede hacer de manera selectiva. Si los adormecemos lo hacemos con la dicha con la gratitud, con la felicidad. Y entonces somos miserables y vamos en busca de propósito y significado y luego nos sentimos vulnerables y entonces tomamos un par de cervezas y comemos un muffin de banana y nuez. Y se convierte en un ciclo peligroso.

Una de las cosas que creo que tenemos que pensar es por qué y cómo adormecer. Y no tienen por qué ser adicciones. Otra cosa que hacemoses hacer de todo lo incierto algo cierto. La religión ha pasado de ser una creencia en la fe y el misterio a ser una certeza. Tengo razón, tú estás equivocado. ¡Cállate! Es todo. Sólo certezas.Cuanto más miedo tenemos más vulnerables somos y más miedo tenemos. Así se ve la política hoy en día. Ya no hay discurso. No hay conversación. Solo hay culpas. ¿Saben cómo se describe a la culpa en la investigación? Como un modo de descargar dolor e incomodidad.Perfeccionamos. Si hay alguien que quiere que su vida se vea así esa soy yo pero no funciona.Porque nos quitamos la grasa del trasero para colocarla en las mejillas. (Risas) Espero que dentro de cien años, la gente mire hacia atrás y diga “¡Guau!”

(Risas)

Perfeccionamos, y esto es más peligroso, a nuestros hijos. Permítanme contarles lo que pensamos de los niños. Cuando nacen están diseñados para luchar. Y cuando sostenemos a esos bebés perfectos en brazos nuestra tarea no es decir: “Mírala, es perfecta”. Mi tarea es mantenerla perfecta… asegurarme que ella esté en el equipo de tenis de 5º grado y en Yale en 7º grado”. Esa no es nuestra tarea. Nuestra tarea es mirar y decir: “¿Sabes qué? Eres imperfecta, naciste para luchar pero eres digna de amor y pertenencia”. Esa es nuestra tarea. Muéstrenme una generación educada así y se acabarán los problemas que vemos hoy en día. Fingimos que lo que hacemos no tiene un efecto en las personas.Lo hacemos en nuestras propias vidas. Lo hacemos en las empresas… ya sea un rescate financiero o de un derrame de petróleo; para recordar: fingimos que lo que hacemos no causa un impacto enorme en otras personas. Yo le diría a las empresas que no somos ingenuos.Necesitamos que sean auténticas y reales y digan: “Lo sentimos. Lo vamos a solucionar”.

Pero hay otra manera y termino con este pensamiento. Esto es lo que he encontrado:permitamos que nos vean, que nos vean en profundidad, con nuestra vulnerabilidad; amemos con todo el corazón aunque no haya garantías; eso es algo muy difícil y puedo decirles como madre que es terriblemente difícil practicar la gratitud y la dicha en momentos de terror en los que nos preguntamos: “¿Puedo amarte tanto? ¿Puedo pensar en esto con tanta pasión? ¿Puedo ser tan ferviente en esto?” Sólo sean capaces de parar y, en vez de pensar que va a suceder una catástrofedigan: “Estoy muy agradecida porque sentirme tan vulnerable implica que estoy viva”. Y por último lo que pienso que quizá sea lo más importante es creer que somos capaces. Porque cuando trabajamos desde un lugar del “soy capaz”, creo que entonces dejamos de gritar y empezamos a escuchar; somos más considerados y amables con la gente que nos rodea somos más considerados y amables con nosotros mismos.

Eso es todo. Gracias.

¡Felices Fiestas!

¡El equipo de la escuela de directoras les desea unas felices fiestas en familia, en el Jardín y con los amigos!

La importancia de la participación

 

Estimadas,

Las saludo nuevamente. El conocimiento que no es gestionado, es letra muerta. La participación hoy en día nos moviliza, e invita a mejorar continuamente.

Por eso, hemos agregado dos funciones al sitio. La primera, les permitirá votar por los distintos articulos y videos publicados, a fin de reconocer aquellos que consideren más relevantes e interesantes. Lo segundo, es la siguiente encuesta, que nos ayudará a definir que temas son de su interés.

Saludos,

Como el lenguaje cambió la humanidad

El biólogo Mark Pagel comparte una teoría interesante acerca de por qué los seres humanos evolucionaron nuestro complejo sistema de lenguaje. Él sugiere que el lenguaje es una “tecnología social” que permitió a las tribus humanas primitivas acceder a una poderosa herramienta: la cooperación.

Pueden observar esta interesante ponencia, subtitulada al español, aquí.

Flexibilidad

Educación Inicial: a la búsqueda del tesoro escondido (Parte 1 de 2)

vía: Educrea (www.educrea.cl)

1.-Introducción

Leo Buscaglia, ese genial educador italiano, da cuenta en uno de sus libros de las desventuras de un grupo de animales que decidieron asociarse un día para fundar una escuela. Cinco de ellos, un conejo, un pájaro, una ardilla, un pez y una anguila, formaron el Consejo de Educación y decidieron la política del nuevo centro de estudios. El conejo, naturalmente, propuso que se aprendiera a correr. El pez, por el contrario, insistió en que todos aprendieran a nadar. El pájaro planteó que se aprendiera más bien a volar. La ardilla, finalmente, fundamentó la importancia de aprender a trepar árboles. Como a todos les pareció bien que todos los animales del bosque se instruyeran en las mismas cosas, formaron un programa de estudios de carácterintegral.

El problema fue que el conejo obtenía las más altas calificaciones en correr, pero le resultaba imposible trepar árboles, y menos en forma perpendicular como lo hacía la ardilla. Tuvo tantos accidentes en los intentos, que terminó con el cerebro dañado y ya no pudo ni siquiera correr como antes. En trepar sacaba cero. El pájaro, por su lado, volaba airosamente pero le iba muy mal cuando intentaba correr en tierra firme, lastimándose las alas y disminuyendo, en consecuencia, sus calificaciones en materia de vuelo. También obtenía ceros en trepar árboles.

No obstante, el personaje más exitoso de esta curiosa escuela —cuenta Buscaglia— resultó ser la anguila, mucho menos inteligente que sus compañeros, pero dispuesta a hacer todo lo que se le enseñaba, ni bien ni mal. Pero los educadores estaban contentos, pues se convirtió en modelo del alumno aplicado que se esfuerza por aprender todas las materias por igual. Llamaban a esto una educación integral.

Nos guste o no, tal ha sido el modelo de educación, homogénea, uniforme, todista, que empezó a regir desde el siglo XVIII, época en la que la Iglesia y el Estado asumieron la gestión de los hasta entonces autónomos colegios municipales de Francia. De entonces a ahora han variado los contenidos y las expectativas de aprendizaje de acuerdo con épocas, regiones y países, pero no la característica esencial de un sistema educativo que decide afrontar el reto de la masividad y de la homogeneización ciudadana, estandarizando sus metas y sus procedimientos.

La educación inicial no ha escapado a este paradigma, al menos en América Latina, y se ha organizado como un servicio ofrecido a niños menores de 5 años, diferenciando modalidades según edades y demandas específicas de los contextos locales de los que forma parte, pero orientadas siempre a obtener los mismos resultados considerados como deseables. La década de los 90, al impulso de la Conferencia de Jomtien y del apoyo de la Cooperación Internacional, puso énfasis en la expansión de la atención, pero no cuestionó en esencia el enfoque mismo del servicio ni las premisas científicas que lo han venido sosteniendo, por lo menos, desde la década del 70.

No obstante, los vertiginosos descubrimientos en el campo de la ciencia y la tecnología, así como su influencia en la transformación de las economías mundiales y los estilos de vida de las distintas sociedades del planeta, ya empiezan a asomar desde inicios de la década del 50 con el hallazgo de la estructura del ADN y, posteriormente, con el invento del chip. Algo profundo empezó a cambiar en la historia de la humanidad, al establecerse las bases científicas de la llamada era de la información sociedad del conocimiento. Muchas cosas no quedarían igual, entre ellas las propias ciencias, creándose una crisis de paradigmas que, tarde o temprano, terminó por alcanzar a la educación.

2.- El escenario actual de nuestros sistemas educacionales

En plena era de la información, el paradigma productivo que ha desencadenado los procesos de reconversión de la economía mundial se basa precisamente, como todos sabemos, en la capacidad de generar y utilizar conocimientos. Es decir, de producir y aplicar un conjunto de saberes; pero no para ejecutar una rutina y un itinerario preestablecidos por otros, sino para resolver situaciones inesperadas, para crear alternativas de respuesta a necesidades y problemas complejos, para sortear obstáculos y construir rutas eficaces hacia las propias metas. Dentro de una lógica de calidad total, una pequeña equivocación podría trastornar el conjunto de la cadena de producción. Una economía con estas características, más aún bajo el impulso de las nuevas tecnologías, empieza a requerir no ya repetidores eficientes, capaces de seguir instrucciones y alcanzar resultados estandarizados, sino personas extremadamente competentes.

Es tan importante este factor que, como sostiene Cohen, hoy por hoy «la propensión a excluir a los que no tienen ideas es más fuerte que la propensión a excluir a los que no tienen riquezas» (Tedesco, 1998).

Pero aclaremos conceptos. «Tener ideas» no es sinónimo de «tener información», ni siquiera de «controlar información». Si bien es verdad que el manejo selectivo de información y conocimientos ha sido ampliamente reconocido como «el nuevo criterio dominante de diferenciación y jerarquización tanto al interior de las sociedades como en las relaciones entre las sociedades» (Abugatás y Tubino, 1997), las ideas no surgen como consecuencia natural de la posesión de información. Para empezar, hay que saber identificar las fuentes que contienen la información que realmente se requiere, pero también hay que saber interpretarla, seleccionarla, relacionarla, organizarla y, sobre todo, aplicarla con pertinencia, tanto a nuestras expectativas como a las características de la situación que se busca modificar. Finalmente, hay que saber generar nuevo conocimiento a partir de ella y de los resultados de su aplicación.

Pero eso no es todo. «Tener ideas» y exhibir habilidad para obtenerlas o generarlas otorga a las personas sólo la mitad del salvoconducto contra la exclusión. Hace falta, adicionalmente:

  • Exhibir una cuota indispensable de habilidades intrapersonales que nos permita ser lúcidos respecto del tipo de conocimiento que cada uno domina mejor, así como de las capacidades que se tienen para hacer uso eficaz, creativo y autónomo de él. Capacidad para enfrentar con serenidad y evaluar con flexibilidad situaciones inesperadas, para imaginar soluciones si éstas no existen y para tomar decisiones; pero también para anticiparse a los problemas y para asumir iniciativas. Fortaleza frente a las dificultades, perseverancia en las metas, confianza en las propias posibilidades de influir sobre el medio.
  • Además, necesitamos habilidad interpersonal para ser escuchados e influir sobre el pensamiento y la acción de los demás; para generar aceptación, reconocimiento y mayores oportunidades. Hace falta capacidad para identificar el conocimiento que dominan las demás personas con quienes enfrentamos los mismos desafíos, para aprovechar esta diversidad en función de multiplicar la productividad, generando procesos corporativos realmente consensuales y eficaces, regidos por la complementariedad. Respeto y valoración profundos por las diferencias y habilidad para moverse entre ellas y para aprender de ellas, sin imponerse ni diluirse.

En este marco de interpretación de los desafíos que representa para las sociedades actuales el nuevo paradigma productivo de la economía mundial es que se comprende mejor la afirmación de Tedesco, quien yendo más lejos de la noción de «control de la información» sostiene que el factor clave de diferenciación en la vida económica y social comienza a ser la inteligencia.

Pero cuando hablamos de inteligencia no estamos aludiendo a capacidades de razonamiento lógico ni de procesamiento cognitivo de la información (Lachman & Lachman, 1979), ni de mecanismos psicológicos universales para la solución de problemas de cualquier índole (Piaget). La inteligencia humana, según las investigaciones de Gardner, alude a un conjunto más rico de habilidades específicas orientado a la solución, la identificación y la formulación de problemas y/o a la creación de productos en un dominio delimitado; habilidades que, al operar de esta manera, establecen las bases para la generación de nuevos conocimientos (Gardner, 1994).

Desde este punto de vista, si la inteligencia está constituyendo el criterio determinante para la inclusión o exclusión de las personas de la dinámica de los procesos productivos más avanzados en las sociedades contemporáneas, y es un factor de diferenciación social más poderoso que la riqueza material, estamos ante un desafío que cuestiona de manera frontal la educación y, particularmente, la educación de los niños pequeños. Porque ésta sigue basada fundamentalmente en el paradigma de la uniformidad y la repetición, y, en el mejor de los casos, en un paradigma lógico racional y verbalizador del desarrollo intelectual.

En este contexto, la homogeneidad se revela como mito y a la vez como obstáculo; por el contrario, la diversidad emerge como valor. Lo diferente, aún y sobre todo en el campo del desarrollo humano, no puede seguir siendo visto como excepcional o patológico, sino como normalidad. Tedesco también nos recuerda en este sentido que vivimos en una época que ha reivindicado fuertemente las diferencias en el terreno cultural, étnico y de género, pero también en el de las identidades personales.

«El diferente ha sido el desigual y el desigual el con menos derechos. No se puede seguir enfrentando los dos temas como si fueran idénticos… El problema en materia educativa es que debemos encontrar fórmulas de acción que combinen estos dos elementos, respeto a la diversidad y al mismo tiempo la eliminación de la desigualdad, lo cual permite admitir la gran complejidad que tiene esta situación» (Tedesco, 1998).

Esta complejidad que desafía nuestros paradigmas de desarrollo humano y de educación infantil, que va a trastocar nuestras prácticas, nuestras prioridades y nuestros sistemas de trabajo, ya no puede ser eludida o relativizada por los educadores, por las familias ni por los decisores de política. Demasiadas cosas están en juego.

3.- Educación inicial: los límites de su antigua misión

Hablar de educación inicial ha sido sinónimo, por mucho tiempo, de estímulos y oportunidades para un «desarrollo normal». En regiones como América Latina, que en conjunto representa un escenario lleno de dificultades y amenazas innegables para los niños, esta preocupación por la «normalidad» del desarrollo llevó a los educadores a enfatizar la necesidad de un servicio orientado a la prevención de distorsiones y a la compensación de déficit en el desarrollo infantil.

Propiciar un desarrollo normal y prevenir o compensar los déficit son funciones que se han apoyado en dos premisas ampliamente aceptadas y aparentemente indiscutibles hasta ahora: una, el desarrollo humano sigue un itinerario estándar, universal, común a todos los niños de todas las razas, culturas, regiones y sociedades del planeta. Dos, los ambientes de riesgo en que crecen los niños no sólo amenazan su supervivencia sino que afectan inevitablemente su desarrollo normal. Ambas premisas, pese a haber propiciado inquietudes legítimas y funciones válidas para este nivel educativo, están ahora en cuestión y resulta ineludible una revisión seria y desapasionada de los argumentos.

En relación con la primera premisa, no sólo los hallazgos de Gardner sino importantes y numerosas investigaciones efectuadas en las últimas décadas desde perspectivas teóricas distintas, como las expuestas por Joseph Durlak, de la Loyola University Chicago (Illinois), Emmy E. Werner o James Garbarino, consignadas en el documentado «Handbook of Early Childhood Intervention», de Meisels & Shonkoff (1989), entre otras, han confluido para demostrar que no existe una sino muchas rutas posibles e igualmente válidas hacia un desarrollo sano (Sameroff, 1987), y que las metas o estándares de ese llamado desarrollo normal no son universales sino que diferencian un conjunto muy diverso de posibilidades de realización humana (Gardner, 1995).

En relación con la segunda premisa, estos mismos estudios demuestran que la sola presencia de factores de riesgo en los ambientes que exhiben regiones como la nuestra —que existen y representan una innegable amenaza—, no determina necesariamente un desarrollo deficitario; si acaso, los niños encuentran oportunidades que les permiten fortalecer una diversidad de recursos personales, así como capacidades específicas de enfrentamiento a situaciones adversas (Rutter, 1987).

Son numerosos los estudios que dan cuenta del insospechado potencial adaptativo que exhiben los niños en entornos de alto riesgo bajo ciertas condiciones (Kotliarenco, 1996), poniendo en evidencia que muchos de los denominados «patrones saludables de desarrollo infantil» fueron inferidos a partir de investigaciones de laboratorio bajo condiciones ideales, muy distintas a la diversidad de circunstancias complejas y difíciles normalmentepresentes en sus escenarios reales de crecimiento (Bradley, 1992).

Se ha establecido así que la capacidad de crecer sorteando obstáculos —en contextos donde estos han formado siempre parte natural del paisaje— constituye una característica esencial del potencial psicobiológico de nuestra especie a lo largo de la historia de la evolución (Maturana, 1985). Tales datos contradicen nuestra vieja noción de la salud y la normalidad, hasta ahora percibidas como consecuencia de intervenciones y condiciones externas, más que como la capacidad de los niños para organizar respuestas que aprovechen con habilidad los factores más favorables de su entorno, pero también sus propios recursos individuales (Rutter, 1987).